APUNTES ACERCA DE LA ARQ. EN GUATEMALA: Análisis de un arquitecto extranjero al mundo profesional local.

APUNTES ACERCA DE LA ARQ. EN GUATEMALA: Análisis de un arquitecto extranjero al mundo profesional local.

Cuando Criticarq.gt me pidió que escribiera un artículo acerca de las diferencias entre la arquitectura de Guatemala y EUA / Europa (de las cuales me referiré en el resto de este artículo como a “el extranjero”) nunca pensé que estaría escribiendo acerca de diferencias culturales, y no acerca de las diferencias que pueden existir entre las obras que aquí se desarrollan y las extranjeras…

Luego de un tiempo de pensar qué era lo que realmente observaba en Guatemala respecto a la profesión, me di cuenta que la cultura de un lugar, la metodología de trabajo, y el profesionalismo de la disciplina son los tres factores más importantes que impactan en el correcto desarrollo de la arquitectura chapina. Mediante estos aspectos, podemos diseminar y ver a través de sus edificios construidos la “síntesis” de características culturales que se manifiestan en el desarrollo de la arquitectura local.

Para este artículo, consideré que el hacer un análisis de “observación antropológica” de la cultura del país podía ser más interesante que hablar de la arquitectura en sí. Es probable que al final de este artículo muchos digan que lo que aquí se escribe es obvio, o que era de esperarse. De cierta forma, da pauta a exponer la validez de este artículo; pero no siempre lo obvio es inmediatamente aparente.

La arquitectura es un proceso, y el hecho de llevar a cabo un proceso en un lugar específico, resulta en un producto local. En este caso, en una arquitectura local.

Esta es una de las frases más comunes que se repiten en la pedagogía y practica profesional en el extranjero: que la realización de un proyecto es el resultado de una investigación y metodología de un proceso. Dicho proceso es único, como el proyecto que se llevará a cabo, y la forma de elaborar dicho proceso le da la “genética” a la arquitectura.

Tener un proceso de desarrollo da forma y lugar, tanto de lo “justificado” como a la “perdición” de un proceso; existiendo entre esos dos polos variedad de procesos. En pocas palabras, el proceso es un arma de doble filo.

Considero que en el extranjero el proceso existe para satisfacer las necesidades del cliente mediante la satisfacción de estándares impuestos. Con esto me refiero a la satisfacción del Client Brief, mediante el cumplimiento de las leyes y normativas de una localidad, validando innumerables requerimientos, como los del International Building Code y un sinfín de regulaciones y requisitos anexados por mención o referencia. En Guatemala sin embargo, el proceso existe primordialmente para satisfacer únicamente las expectativas del cliente y da poca importancia a la aplicación de estándares, o mejor dicho, la carencia de estándares.

Lamentablemente, prevalece satisfacer la expectativa del cliente, donde predominan las limitantes económicas y esto da lugar a una apatía social en el cual el último beneficiario es el cliente mismo.

¿Por qué son importantes los estándares? Aparte de velar por la salud, seguridad y bienestar de los habitantes de una localidad, realmente considero que existen para mejorar la calidad del entorno urbano y dar lugar a una evolución consistente del desarrollo arquitectónico.

En base a esto, preferí exponer ciertas características de lo que he observado en mi estrecho tiempo de práctica en Guatemala. Consideré más valioso ilustrar cuales son las diferencias mas prevalentes entre la práctica en el extranjero y en Guatemala, las cuales influyen en el “sistema” de procesos que se llevan a cabo para “desarrollar” una arquitectura; y cómo esos procesos se manifiestan en el carácter urbano de la misma.

Mi intención principal es tratar de dar respuesta a la siguiente pregunta: ¿Por qué en Guatemala la arquitectura se manifiesta de una forma inferior, es decir, menos desarrollada que en el extranjero? Por inferior, me refiero no sólo a la calidad de acabados de los proyectos, sino también a su aglomeración y programación de espacios, del gran número de errores de construcción y ejecución en un proyecto. Si mostrara dos imágenes de edificios sin referencia de su ubicación, una en Guatemala y otra del exterior, las diferencias son evidentes y una gran mayoría de lectores podrán identificar que una de esas imágenes claramente es del exterior; por que se evidencia una calidad de desarrollo, de materia, de estética y construcción.

Mediante este artículo, espero que el lector ponga énfasis en la importancia que juega la cultura de una localidad, el desarrollo de procesos, y validar la importancia de estándares y profesionalismo; debido a que el efecto se transmitirá a una arquitectura cohesiva, urbanística, de alto nivel de desarrollo en la cual todos los usuarios del entorno urbano se podrán beneficiar, no únicamente los clientes.

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Riesgo VS Percepción

En el extranjero, se deja al arquitecto (conocedor de su oficio) llevar y desempeñar sus funciones a su criterio, dejándolo proponer ideas innovadoras que cumplan con los requisitos del Client Brief. En la mayoría de los casos, el desempeño de la labor del arquitecto es inherente a su función, la cual es el desarrollo de un proceso. Existe una expectativa, en la cual el profesional esta ampliamente capacitado a tomar algún tipo de “riesgo.” Por esto me refiero a riesgo en diseño, desarrollo y ejecución de una metodología que resulta en una arquitectura. Como todo riesgo, este es altamente medido. El riesgo no es negativo. Quizá el lector para este punto del articulo ya habrá elaborado en su mente un juicio acerca de lo que tomar un riesgo implica; quizá evidenciando una diferencia cultural entre la percepción de tal. El riesgo es el análisis de una combinación de factores, el cual produce la posibilidad de un evento.

En Guatemala el cliente es muy reservado y se limita a tomar lo que en su percepción es un riesgo. El cliente, de carácter conservador, se aferra mucho a lo tradicional,  siguiendo la cultura del país. Esta reserva se evidencia en las formas de las edificaciones, las cuales tienen a seguir la misma tipología: cuadradas, encajonadas y de poco dinamismo. Un ejemplo de un Cliente que tomó un riesgo en el desarrollo de un proyecto arquitectónico es Tigo y sus “dinámicas” agencias sobre los Próceres y Roosevelt, ejemplares de contradecir las expectativas de lo convencional. Es irrelevante si dicha arquitectura es para todos los gustos, o si conforma a una tipología definida.

Desde mi percepción, el Cliente optó por tomar un riesgo y no conformarse con la percepción de lo que es arquitectura guatemalteca.

En una ocasión tuve la oportunidad de mostrarle a un cliente una imagen de un proyecto de vivienda en Holanda, con el objetivo de evidenciar cómo un proyecto basado en la repetición de unidades habitacionales podría tener un especial énfasis en el diseño,  no sólo en lo económico.  La reacción del cliente fue distintamente severa:

“…es demasiado europeo para Guatemala, lo moderno queda bien para los extranjeros, pero no para el chapín.”

Además de quedar un poco atónito, me quedo la incógnita: ¿A qué se refería realmente? ¿Sentía algún miedo o percibía un riesgo en el proyecto que le era incomodo enfrentar? Considero que existe una disyuntiva con los clientes en Guatemala para lograr hacer proyectos que mejoren los estándares de diseño y que sean novedosos. No tienen el coraje de probar o explorar nuevas ideas y, por ende, no empoderan a los diseñadores y arquitectos a tomar riesgos medidos. Hay excepciones por supuesto, primordialmente a nivel particular, como el caso de Saúl mediante sus tiendas de ropa, restaurantes y diseñadores. Saúl debería de ser un estándar, no la excepción.

Una de las mayores oportunidades perdidas para los arquitectos en Guatemala es el no estar preparados para los riesgos que se deben mitigar para lograr las metas de un proyecto. Las personas verdaderamente productivas saben cual es el resultado antes y después de un proceso, tiene siempre una claridad aguda enfocada en el resultado final.

Armados con este conocimiento, los arquitectos en Guatemala deberían de formular una ingeniería inversa del objetivo a lograr, mediante una serie de pequeños y pre-configurables pasos que se deben de ejecutar. Es decir, se debe lograr el objetivo del Cliente primero, recordando que al final del día, el proyecto es realmente una inversión de capital cuyo fin es generar algún tipo de resultado. El diseño es un método para lograr este objetivo y no vice-versa. Hay que pensar estratégicamente cuales serán los errores que ocurrirán en la ejecución del proyecto, y mitigarlos de tal forma que al ocurrir, no impidan que el proceso de avance. Hay un sin número de errores visibles en muchas obras de construcción que no debieron ocurrir, o que se dieron a vista muy tarde en su proceso. Mitigar el riesgo de manera sistemática de antemano mediante el seguimiento de estándares dará pauta para arquitectos y diseñadores para escapar de esta trampa de lo convencional.

Cuando se desarrolla un proceso de forma intencionada, se mitigan riesgos y se logra tomar decisiones adecuadas que permiten empujar, probar y lograr experimentar con formas de diseño novedosas, teniendo como resultado la creación de espacios de forma singular. Considero que es necesario planificar estrategias a largo plazo antes que tácticas. Una estrategia describe el cómo y el qué se desea lograr mediante un proyecto. La meta es satisfacer el Client Brief mediante inversión de capital y la táctica muestra cómo lograr esa estrategia mediante  el diseño.

Dudo que hay falta de diseñadores excepcionales en Guatemala, sin embargo se podría lograr más arquitectura de “vanguardia” si se hiciera un análisis de riesgo adecuado y medido en la capacidad de los profesionales a cargo, en vez de aferrarse a una percepción de que el riesgo es malo, o no que no se tiene lugar en Guatemala.

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La aplicación de estándares y estrategias de mitigar riesgo son rasgos culturares Anglosajones que se manifiestan en su arquitectura y entrono urbano; donde cobran vida megaproyectos. Londres, Reino Unido, 2014 (J. Roesch)

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Falta de Profesionalismo

La falta de profesionalismo por parte de ciertos participes de un proyecto en Guatemala sin duda es un punto que no se puede dejar de mencionar. Existe una gran trecha entre “profesionales” a cargo del proyecto, como lo son proveedores, manufacturadores y personas cuya función es la ejecución de proyecto. Siento que existe una expectativa que se promulga en Guatemala, la cual es que si el diseño es coherente y debidamente desarrollado, lo demás le sigue y se le resta importancia. Considero que la ejecución del proyecto es la fase en dónde se carece más profesionalismo en el desarrollo del proyecto arquitectónico. Existen oportunidades perdidas en colaborar y aprender de los conocimientos técnicos de los proveedores y manufacturadores. En Guatemala, el arquitecto generalmente debe “enseñar” los procesos constructivos de obra a los ejecutores de proyecto, sin antes conocer las limitantes de estos. Este método es de cierta forma contradictoria a la ejecución de proyectos en el extranjero, donde ocurre la inversa. En su mayoría, los proveedores y manufacturadores en el extranjero “exponen” sus capacidades y limitantes al arquitecto previo al diseño final del proyecto, de tal forma que el arquitecto limita el riesgo de incumplir con el diseño cuando la cadena de ejecución ya se encuentra demasiado avanzada. En Guatemala esta forma de operar causa errores e incumplimiento de parte de los ejecutores de proyecto; dándose lugar a frases como:

“A mi, nadie me pregunto, eso no lo podemos hacer.”

Es importante que los ejecutores aporten al conocimiento del arquitecto para mejorar y no limitar el diseño. Considero que la cultura en Guatemala está basada en imponer jerarquías y “estatus social” entre los diversos participes de proyecto. A esto habría que sumar una atmosfera de negativismo (ya sea por falta de conocimiento o de miedo al riesgo), falta de planificación y análisis de fondo. Como resultado, se limita la capacidad de diseño, y por lo tanto la evolución de la arquitectura.

En comparación, en el extranjero la cultura promueve tomar nuevos retos, de empujar el “borde del sobre” como dicen en EUA. En estos países uno debe sobresalir o morir.

La dinámica de supervivencia económica no es la misma, pero existen muchos paralelos. En Guatemala no se tiene tanta expectativa para sobresalir, ya que la competencia económica y las necesidades del mercado son menores. Pero esto no implica que no debiera de existir.

Cierto conformismo con el “hacer lo más con lo menos” es parte de la idiosincrasia de la cultura, que no es necesariamente malo. Sin embargo la crítica radica en lo siguiente: no se debe pensar únicamente en qué hacer con lo que se tiene ahora, sino en lo que podría hacer con lo que se tiene para el ahora y el mañana. A esto se le llama ser un profesional.

Se debe recordar que ser “informal” no se traduce en falta de profesionalismo, y siento que a veces los dos términos no se distinguen claramente en Guatemala.

Una anécdota de esta diferencia puede servir para ilustrar lo anteriormente descrito:

Luego de tensas y maratónicas reuniones con ingenieros estructurales estadounidenses que visitaban Londres para un proyecto sumamente acelerado, acompañé al ingeniero principal a tomar una cerveza al bar de la esquina a altas hora de la noche mientras esperaba el auto que lo llevaría al aeropuerto.

El ámbito y el trato eran de manera informal, nos aflojamos el nudo de corbata y pusimos el proyecto a un lado. Luego, en plena conversación, nos dimos cuenta que se podía resolver un tema estructural de cierta forma. Es decir, no “dejamos de trabajar” aunque estuviéramos fuera de la oficina en nuestro tiempo libre. Dibujamos la solución en una servilleta del bar, hicimos las notas pertinentes y eso sirvió como documento para el día siguiente. El punto es, que la servilleta y el método eran un proceso informal, sin embargo la calidad del contenido nunca dejo de ser profesional. El cálculo del ingeniero era impecable y sin errores, el profesionalismo prevaleció. En cambio, una servilleta dibujada de forma incomprensible y con errores es de ambas formas informal y carente de profesionalismo. Siento que en Guatemala varios profesionales hacen servilletas malas con errores.

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La informalidad es evidente en las edificaciones de Miami. Las torres mas altas y de alto nivel de desarrollo tienden a ser diseñadas por extranjeros y ciertos arquitectos estadounidenses de alto nivel de profesionalismo. Estos contrastan con edificaciones elaboradas con informalidad. Miami, EUA, 2008 (J. Roesch)

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De la Materia

Las limitantes de la manufactura de materia en Guatemala pueden ser un motor de creatividad, de “hacer más con menos”, creando nuevas oportunidades. Sin embargo, no suele suceder muy a menudo. Así mismo, existe una producción limitada, lo cual da lugar a que la gran mayoría de proyectos en Guatemala sean construidos de forma similar, ya sean de block de concreto, hormigón armado, cristal de baja calidad y uso de ladrillo como fachaleta. Caso en punto, el sobreuso de block en la mayoría de proyectos tiende a reforzar la pedagogía de proyectos “sobre diseñados”, y de repetición de una paleta de materiales que no da mucho lugar a una evolución de uso alterno de la misma.

En el extranjero, existe un gran numero de proveedores y manufacturadores, la mayoría ofrecen productos de calidad y un alto nivel de desarrollo, lo cual conlleva al tema anterior mencionado de “empujar el sobre” con respecto a proyectos.

Se busca una continua evolución, estimulando a arquitectos y diseñadores a solicitar a sus proveedores y manufacturadores versiones de materia mejorada con aplicación alterna, reforzando un mercado que continuamente busca nuevos retos.

En Guatemala, creo que existe cierta expectativa de parte de los desarrolladores de proyectos a reconocer esta limitante, aceptando lo disponible en el mercado. No se exige a los proveedores y manufacturadores a pensar fuera de lo convencional y velar por el desarrollo de nueva materia.

Considero que es primordial para el desarrollo de la arquitectura en Guatemala, que los arquitectos y diseñadores exijan a los proveedores, constructores y manufacturadores el desarrollar y fabricar materia de alta calidad y de la competencia técnica necesaria para aplicación de dicha materia.

Regresando al punto anterior, aún se carece el uso de materia de forma distintiva. Por ejemplo, la lámina de metal es un material sobre utilizado para cubiertas de proyectos, pero en pocas ocasiones se ven arquitectos o diseñadores especificar su uso para algo más.

Para que una arquitectura evolucione, es necesario pensar en formas alternas de aplicación de los materiales existentes, sabiendo que no existe una gran gama de los mismos en el mercado. Por ejemplo, en ciertas ocasiones, primordialmente en América del Sur, la lámina de metal se utiliza para las fachadas de los edificios, creando un gran efecto arquitectónico. Sin embargo, raramente se utiliza de esta forma en Guatemala.

Continuando con el ejemplo anterior, muchos arquitectos dirán que la percepción de utilizar lámina de metal es detrimente a una fachada para un proyecto de “calidad,” como se suele decir, debido a que existe la percepción de que la lámina de metal es un material “inferior.”

Eso no quiere decir que los arquitectos deben de conformarse únicamente a su uso como cubierta. Es sumamente factible colaborar con manufacturadores de lámina de metal, explorando nuevos acabados y medidas de corte, de forma que la materia cobre nueva percepción y valor estético. La lámina se puede cortar en diversos peraltes, medidas, y perforaciones. Se puede modificar estos valores a un costo razonable para aplicarlos en materiales “corrientes” de forma inesperada; dando nueva vida a una materia existente y disponible en el mercado. Es un ejemplo únicamente, no una receta.

Sin embargo, la creatividad debe ocurrir donde uno menos lo espera, parte del trabajo de un arquitecto es el de tener el valor de asumir ese riesgo de uso alterno y tener la convicción de cambiar la expectativa del qué y el cómo se usan los materiales.

[Conclusión]

 Como lo mencioné al principio del artículo, la crítica constructiva que deseaba realizar con respecto a la arquitectura en Guatemala no era para verlo a través de un punto de vista académico, o bien arquitectónico.

Mis observaciones son proyectadas desde un punto de vista tal, que se puede aplicar a muchos ámbitos profesionales Guatemala, como por ejemplo, en los negocios. Éstas observaciones son más una crítica de la cultura de Guatemala en general, y de su aplicación directa a la arquitectura. Mi intención es de ilustrar cómo estas observaciones son causales del desarrollo de la arquitectura en sí.

Considero que hay un gran número de arquitectos que tomarán una postura diferente y advocarán que la evolución de la arquitectura en el país esta fundamentada en utilizar nuevas formas de diseñar, como en el uso modelos paramétricos, o bien el uso de programas de cómputo altamente complejos para diseñar nuevas formas “arquitectónicas.”

La arquitectura no debe fomentarse sobre un modelo “académico” de desarrollo basado únicamente en computación, dicho fundamento es realmente incompleto en la síntesis del diseño. Sin cambiar percepciones culturales y formas de pensar acerca del profesionalismo, el parametricismo en sí mismo no es suficiente para crear la evolución que se desea ver en Guatemala. La evolución de la arquitectura debe apoyarse en gran parte sobre una metodología, procesos, estándares y profesionalismo. Esta debe de ser acompañada con nuevos paradigmas para el diseño, los cuales conllevaran a la medida y el análisis de riesgos, teniendo como resultado llevar a la arquitectura guatemalteca a una evolución sustancial de la diciplina.

Joaquín Roesch

Joaquin Roesch es Arquitecto y Project Manager; actualmente reside en la ciudad de Guatemala, luego de haber vivido y trabajado en el extranjero como expatriado por casi dos décadas. Obtuvo títulos de Bachelor of Science in Design (2003) y Master’s of Architecture (2005) de Arizona State University en Estados Unidos. Ha trabajado en Phoenix con Will Bruder, en Miami con Chad Oppenheim, y en Londres con Foster+Partners en una gran variedad de tipologías y escalas de proyectos. Después de una década de trabajo profesional, Joaquin tomó un sabático para registrarse como arquitecto profesional con licencia de practica legal en el estado de Arizona (2014). Así mismo, obtuvo titulo académico adicional de Post-Graduate Diploma (2015), en Construction Economics and Management de la facultad del Bartlett School of Construction de  University College London. Es miembro del American Institute of Architects (AIA), Royal Institute of British Architects (RIBA), y del National Council of Architecture Registration Boards (NCARB). Joaquin considera que su practica de arquitectura “existe” a donde lleve su laptop y, sus viajes se lo permitan. www.jrosch.com

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