PAISAJES INMADUROS: La Topografía de Dante

PAISAJES INMADUROS: La Topografía de Dante

En 1777, posterior a su destrucción parcial, la ya fundada Ciudad de Guatemala fue trasladada hacia el Valle de la Ermita, un territorio con características dramáticas y porqué no, “estratégicas”. Una serie de mesetas preexistentes y formaciones geográficas en donde la lluvia, el suelo volcánico y la erosión habrían formado profundos barrancos[1], tanto al rededor como al interior de la futura ciudad. Condiciones geográficas que en la actualidad revelan la síntesis desesperada de un estigma o “miedo” acumulado por las tragedias en donde las fuerzas de la naturaleza (inundaciones y terremotos) ya habían trabajado en contra del proceso de construcción y “desarrollo” de la ciudad.[2]

Artículo Publicado originalmente en Carnem: Arquitectura en Crudo. Año 1. No 1. Diciembre 2015

metros sobre el nivel del mar

metros sobre el nivel del barranco (MSNB)

El deseo de iniciar éste ensayo con un relato, va más allá del valor de una reseña histórica o la ubicación de un contexto en muchos casos desconocido. Se vuelve vital hacer ésta referencia inicial para comprender la tesis de las condiciones geográficas preexistentes del territorio, así como su valoración para la sociedad al jugar un papel fundamental en el modelo de desarrollo de la ciudad y su paisaje.  Basta con dar una mirada a los accidentes geográficos de las ciudades antiguas de Guatemala (los valles de Almolonga y Panchoy), y la actual Ciudad de Guatemala (valle de la Ermita), para comprender y poner en evidencia que los factores geográficos han sido determinantes para la construcción y fragmentación socio-espacial en su territorio, así como para la valoración-descalificación del paisaje que le pertenece (sus barrancos) a la Nueva Guatemala de la Asunción. (ver fig. 1)

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[Fig.1] Ortofoto de la Nueva Guatemala de la Asunción. Ciudad de Barrancos. oficiocolectivo. TALLER DE ARQUITECTURA Y CIUDAD. INVERScape(s): Barranco Inverted. Guatemala: oficiocolectivo, 2013

Para explicar ésta idea es necesario reconocer que los procesos de urbanización representan la máxima conquista sobre la naturaleza; si bien es cierto que nos encontramos en la era del hombre, el Antropoceno[3] y para ser concretos se reconoce que nuestra capacidad de manipular y transformar el territorio natural ya tiene consecuencias paradigmáticas en nuestra sociedad, en donde el vínculo entre naturaleza y humanidad define un nuevo orden de complejidad; nuestra percepción del paisaje estará siempre determinada por la historia y a su vez, por nuestra capacidad de recrear la geografía a través de la experiencia cultural como usuarios cotidianos en distintas escalas y formatos del territorio. Vittorio Gregotti expone en su escrito: La forma del Territorio (1981):

“…esta relación privilegiada entre la naturaleza y la cultura que se crea en nuestra sociedad a través del paisaje, remite a la importancia que cada modelo cultural atribuye a su entorno físico y al lugar que ocupa, como a la escala de valores en relación con su estructura formal. En este contexto, no podemos pasar por alto los aspectos fundamentales del impulso morfológico del territorio en donde se desarrollan las ciudades y consigo, el proceso de urbanización…”

En al caso particular de la Ciudad de Guatemala, puede decirse que lo urbano y por consiguiente, la valoración de su paisaje son el resultado de una transformación ideológica del territorio en el tiempo, en donde el modelo cultural “capitaliza” los barrancos como un sistema de “negociación territorial” hacia un dualismo moral que se ve reflejado en el comportamiento antropo-geográfico[4] de nuestra gente y por ende, en la morfología o forma de la ciudad, tanto en su crecimiento como en su historia. La ciudad se ha desarrollado predominantemente en el sentido horizontal, dejando a su paso “supuestos” vacíos urbanos en favor del conservacionismo-cínico, un sistema de “paisajes inmaduros”, por ambiguos o ambivalentes, y a su vez, estratégicos, por dar a la forma urbana las habilidades necesarias para ocultar la existencia de un paisaje en el imaginario colectivo, dando paso a una ciudad que no es más que una gran urbanización cerrada, atrapada por su misma conducta y reglas urbanísticas, entre vacíos territoriales poco colonizados por el ciudadano (local) y una carencia o esterilidad imaginativa de la planificación capitalista que tiene poco que decir respecto al paisaje. (ver fig. 2)

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[Fig.2] Crecimiento urbano, topografía y forma de la ciudad. oficiocolectivo. TALLER DE ARQUITECTURA Y CIUDAD. INVERScape(s): Barranco Inverted. Guatemala: oficiocolectivo, 2013.

Se trata pues, de una presunta condición que ha significado una inflexión en la manera como culturalmente se aborda el paisaje desde la planificación, argumento que ponen en el centro de la reflexión a los barrancos al cuestionar su participación en el ámbito netamente de la urbanización (ya sea en zonas consolidadas o aun en desarrollo) como espacio casi “amazónico” (que todos hemos escuchado de él, pero pocos se han incursionado en su territorio). Cualquiera que sea el caso, la percepción de este territorio se puede develar desde una revisión histórica del desarrollo de la ciudad y los efectos que en su proceso alteraron la valoración de éstos espacios en la construcción y codificación del territorio.

Así pues, los barrancos desde la agenda urbana, son un caso particular lleno de contradicciones reflejadas en una línea “pendulante” de tiempo entre oportunidades, excepciones y acontecimientos políticos. Los últimos, traducidos a formatos, estéticas y técnicas de desarrollo urbano cuasi geopolítico en pro del desarrollo, con escasa o limitada consideración de los barrancos dentro de las dinámicas urbanas, y que al final se reduce en una aparente exclusión de éstos como territorio activo en la ciudad.

El tiempo nos muestra que el desarrollo urbano tras la incorporación del sistema vial (y sustitución de un decadente ferrocarril) así como los primeros puentes vehiculares (la nueva ingeniería urbana), atomizaron el territorio urbano. El espacio para el desarrollo de la ciudad se extendió y con ella surge el área metropolitana; y los barrancos que antes eran el límite natural de la ciudad (un borde de crecimiento) pasaron a un segundo plano, en síntesis, una negación táctica en la agenda especulativa de un “territorio preparado” para otros fines.  (ver fig. 3)

[Fig.3] Línea del tiempo antropo-geofráfica de los barrancos. Oficiocolectivo. TALLER DE ARQUITECTURA Y CIUDAD. INVERScape(s): Barranco Inverted. Guatemala: Oficiocolectivo, 2013.

[Fig.3] Línea del tiempo antropo-geofráfica de los barrancos. Oficiocolectivo. TALLER DE ARQUITECTURA Y CIUDAD. INVERScape(s): Barranco Inverted. Guatemala: Oficiocolectivo, 2013.

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La Topografía de Dante

Metros sobre el nivel del barranco (MSNB)

 La paradoja inicia aquí, en un espacio que en sus inicios representó un tipo de “seguro” natural para la nueva ciudad, una ecología preexistente en donde era reconocible que sus condiciones geográficas (la topografía) serían el soporte preventivo de amenazas naturales, ejemplo de ello son el sistema de drenajes que evitan que la ciudad sufra de inundaciones mayores recurrentes en las ciudades antiguas y algunas otras ciudades del país. Un espacio que ahora es (si hablamos de capital) “voluntariamente” residual, fronterizo-fortificado (en ambas direcciones), carente de valoración urbana a pesar de la beneficiosa relación ya establecida desde el traslado de la ciudad y que en la actualidad es un exacerbado recurso capaz de construir una verdadera segregación socio-espacial. A lo mejor, un formato inédito de aquella distopía construida por OMA (1977), el “Exodus, o la ciudad de los prisioneros voluntarios de la arquitectura”:

 Una vez, una ciudad se dividió en dos partes. Una parte se convirtió en la buena, la otra parte en la mala. Los habitantes de la parte mala comenzaron a acudir a la parte buena de la ciudad dividida, provocando rápidamente en un éxodo urbano. Si esta situación se permitiera continuar para siempre, la población de la parte buena se habría duplicado, mientras que la parte mala se habría convertido en un pueblo fantasma. Después de todos los intentos fallidos por interrumpir esta migración indeseable, las autoridades de la parte mala hicieron uso desesperado y salvaje de la arquitectura: se construyó un muro alrededor de la parte buena de la ciudad, por lo que es completamente inaccesible a sus súbditos.[5]

 Esta visión planteada hace más de tres décadas sigue vigente en gran parte del espacio urbanizado, y en cuanto a lo local, la idea de división a través de un borde o línea imaginaria que separa la ciudad en dos partes, lo urbanizable (la parte buena) y los barrancos (la parte mala), es el epítome de una doble moral ciudadana. Esta forma de razonar el territorio, particularmente en la Ciudad de Guatemala recae en su topografía, que al ser analizada desde el punto de vista de lo visible o en otras palabras, lo que esta por encima del nivel de la ciudad, podemos darnos cuenta que existen muy pocos referentes naturales que sobrepasan a dicho nivel, y por consiguiente, el supuesto “paisaje” que el ciudadano valora como la estética natural de la urbe, las montañas, volcanes y cualquier otro elemento pintoresco al alcance de la vista, es en definitiva un “horizonte ajeno” ya que ninguno de éstos atributos geográficos están dentro del límite administrativo de la ciudad.

Ésta actitud antropo-geográfica, contradictoriamente pone en evidencia que en la cultura local estar “sobre” el nivel del barranco significa ser parte de los estratos productivos de la ciudad, y que el vigente “Plan de Ordenamiento Territorial (POT)[6] clasifica como áreas aptas para el aprovechamiento de un capital territorial, y en consecuencia, todo lo que pasa por debajo de éste nivel, representa una capa invisible y negada por sus mismos habitantes, pero dentro del régimen de tolerancia dentro de las “utilidades” de la ciudad.  (ver fig. 4)

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[Fig. 4] Cartografía: metros sobre el nivel del barranco. oficiocolectivo. TALLER DE ARQUITECTURA Y CIUDAD. INVERScape(s): Barranco Inverted. Guatemala: oficiocolectivo, 2013.

 A partir de ésta tesis, surge el concepto de “Metros sobre el nivel del barranco” o (MSNB)[7], como una aproximación desde el paisaje como práctica en el territorio urbano, bajo el interés de examinar a los barrancos a partir de su reconocimiento como un “territorio residual”.  Para las generaciones jóvenes, la cultura del “no está permitido” en relación a los posibles usos de los barrancos, hace de éstos, una especie de tierra prohibida en la agenda urbana, algo que suele reflejarse en una situación permanente de no-reconocimiento al paisaje y su naturaleza por bajo el nivel ciudad. Un “manifiesto del NO”:

 

Los Barrancos no son habitables, los barrancos no son accesibles, los barrancos nos son seguros, los barrancos no son lúdicos, los barrancos no son productivos, los barrancos no son arquitectura, los barrancos no son ciudad, los barrancos NO SON. [8]

 

Asistir ésta idea es consentir, por una parte, que el medio ambiente natural (nuestro carácter ecológico si así se le puede llamar) es específicamente lo que la sociedad clasifican como desecho o residual, y por tanto, todo lo que se encuentra “oculto” dentro de su territorio también es aparentemente imprescindible para el “buen” funcionamiento de la ciudad. Por otro lado, ésta misma postura crea un tipo de “estado de excepción” un paisaje preparado anteriormente descrito, donde se permite la pobreza, la informalidad, lo precario (tanto en el habitar como en lo productivo), los conflictos sociales, la contaminación y degradación ambiental. Todo esto, gracias a a esa línea imaginaria que por norma separa ambos territorios, pero al mismo tiempo los mantiene cercanos por utilitario. (ver fig. 5)

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[Fig. 5] Ocupando los barrancos, una estrategia en “cuclillas”. Archivo Prensa Libre.

Esto nos hace pensar que los barrancos como territorio útil, a diferencia de aquella idea de “seguro natural”, han sido transformados en un aparato de control socio-espacial, en donde la misma narrativa de un infra-mundo es medible desde su borde, hacia abajo. En este sentido, los barrancos no solo son un espacio ausente, también son una especie de “pliegue abismal” que recuerda a un territorio descendiente cuasi topográfico por literario, “la carte de l’enfer”[9] o carta del infierno de Dante en la obra imaginativa de Sandro Botticelli. Y pese a lo burdo en comparación, en realidad se habla de un territorio que esconde otros modos de vida, otras ecologías de subsistencia y marginalidad que parten de unas (infra)estructuras urbanas o mejor dicho, otros formatos de infra-urbanidad que son consecuentes y recurrentes con la idea de “lo desechable” en la ciudad. Como en un espejo social, en oposición a los estratos productivos de la ciudad (lugar donde vive una población acomodada, servida y enriquecida por un desarrollo económico vibrante y voraz), los barrancos representan un sentido inverso u opuesto al formato productivo del territorio, antagónico para algunos y necesario para otros.  (ver fig. 6)

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[Fig. 6] Puerta del Incienso. oficiocolectivo. TALLER DE ARQUITECTURA Y CIUDAD. INVERScape(s): Barranco Inverted. Guatemala: oficiocolectivo, 2013.

En éste espacio mientras más se desciende, más fuerte es el significado de lo residual, lo marginal y vulnerable. Ejemplo de ello es el aún existen relleno sanitario municipal (autorizado en la década de los cuarenta) un espacio el cual todos los ciudadanos lo tienen en el imaginario, principalmente al inicio del invierno (la época de lluvia) ya que es en esos momentos cuando la ciudad se llena de un olor fétido y putrefacto, producto de una híbrida evapotranspiración entre la naturaleza, agua de escorrentía que se abren paso en el barranco y los desechos en proceso de “acomodo”. Sin embargo, mas allá de los olores, que en unos días desaparecen, el relleno sanitario muestra como en éstos territorios infra-urbanos el concepto de desecho no es únicamente material, también es humano. Basta con ver a los “mineros”, pobladores informales de una generación local sin “bautizo urbano” (resultado de las migraciones desde lo rural y marginados por la falta de políticas públicas que den acceso al trabajo digno, a la vivienda adecuada, y porque no decirlo, al derecho de la ciudad) como se sumergen en los desagües urbanos en busca de metales que en los estratos productivos (arriba) pueden generar una compensación económica, incluso mayor al salario mínimo que se devenga en la ciudad. Si bien se trata de un caso muy particular, lo que si se generaliza es la existencia de aquellos intersticios llamados también “focos de pobreza” (como una aparente agenda pendiente en la planificación de la ciudad) y que desde el punto de vista del territorio, hay un reconocimiento a un modelo de “violencia urbana” a través del paisaje. (ver fig. 7)

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[Fig. 7] Los Mineros. Abd. Rodrigo. Imagen digital. Boston Globe Media Partners. Web.

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[Fig 7.1] Relleno sanitario Zona 3. oficiocolectivo. TALLER DE ARQUITECTURA Y CIUDAD. INVERScape(s): Barranco Inverted. Guatemala: oficiocolectivo, 2013.

La Ciudad de Guatemala, es un caso paralelo a nivel mundial en cuestión de urbanización contra naturaleza. Sin embargo, el entorno geográfico y en consecuencia, la forma urbana de la ciudad, es un caso muy particular. Una poderosa dinámica morfológica en la que el agua de escorrentía, los deslizamientos del suelo, la ocupación informal, las presiones de privatización y la contaminación tecnificada, cuestiona el paisaje local como promotor de una productividad urbana fallida e injustificada.

[1]  m. Quiebra profunda producida en la tierra por las corrientes de las aguas o por otras causas.

[2] La Ciudad de Guatemala (ahora La Antigua Guatemala) fue destruida tras los terremotos de Santa Marta (1773), en 1777 la ciudad fue trasladada al Valle de la Ermita, y se estableció allí la Nueva Guatemala de la Asunción, siendo éste el último de tres traslado que la ciudad y su pobladores sufrieron.

[3] Antropoceno: Describe el actual período en la historia terrestre desde que las actividades humanas han tenido un impacto global significativo sobre los ecosistemas terrestres. El término fue acuñado en el año 2,000 por el ganador del premio Nobel de química Paul Crutzen, quien considera que la influencia del comportamiento humano sobre la Tierra en las recientes centurias ha sido significante, constituyendo una nueva era geológica.

[4] Parte de la geografía que se ocupa del estudio de la extensión y distribución del ser humano sobre la tierra y de su relación con ella: el término “antropo-geografía” fue acuñado por la escuela geográfica alemana para referirse a la geografía humana.

[5] “Exodus, o la ciudad de los prisioneros voluntarios de la arquitectura” por Rem Koolhaas, Madelon Vreisendorp, Elia Zenghelis y Zoe Zenghelis (1972) Londres 1972, “The Strip Project

[6] El Plan de Ordenamiento Territorial es un cuerpo normativo básico de planificación y regulación urbana conformado por normas técnicas, legales y administrativas que la Municipalidad de Guatemala establece para regular y orientar el desarrollo de su territorio. Las Zonas Generales determinan los parámetros normativos aplicables dentro de un predio que incide en la construcción y en el uso del suelo, así como los procedimientos que deben seguirse para poder adquirir una autorización municipal.

[7] (MSNB) o Metros sobre el nivel de barranco © oficiocolectivo®

[8] “Manifiesto del NO”: Concepto definido por oficiocolectivo® | TALLER DE ARQUITECTURA Y CIUDAD | para el proyecto INVERScape(s), que explica la conducta de negación respecto a la apreciación de los barrancos en la cultura local.

[9] La carte de l’enfer o mapa del infierno es un antiguo manuscrito que contiene el texto de la Divina Comedia, ilustrada por Sandro Botticelli.

Erick Mazariegos Arévalo

Director y Co-fundador en OficioColectivo. Arquitecto por la Universidad del Istmo, Guatemala y Maestro en Diseño y Desarrollo Sustentable de la Ciudad con Especialización en Paisaje Urbano en el Instituto Tecnológico de Estudios Superiores de Monterrey (ITESM), México. Cuenta con 10 años de experiencia en el ámbito de la planificación, diseño y gestión de proyectos para la construcción de ciudad a través de proyectos integrales. Posees una fuerte vinculación con lo público que favorece la construcción de ciudad. Fue coordinador general de proyecto urbano en URBANÍSTICA—Empresa Metropolitana de Vivienda y Urbanismo de la Municipalidad de Guatemala. Desde el 2010 cofundó OficioColectivo, una plataforma trans-disciplinaria de investigación y diseño para las ciudades en Centro América. Colabora en distintas iniciativas y equipos de trabajo para mejorar los entornos urbanos. En la actualidad, desarrolla su profesión entre consultorías, encargos de diversas escalas de proyectos e investigaciones aplicadas con instituciones públicas, iniciativa privada y universidades en el ámbito del paisaje, el territorio, la habitabilidad urbana.

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